Mis inicios en la costura

“Iaia, tía, me aburro”. Esa era mi frase mágica. También es cierto que la solíamos utilizar mucho mis hermanos y yo. Casi todas las tardes, al salir del colegio, dejábamos las cosas en casa y corríamos veloces a casa de mi iaia y mi tía, en el piso de abajo del mismo edificio. Nos encantaba estar con ellas. Normalmente nos entreteníamos solos, casi siempre indagando en las habitaciones donde no estaban. Ellas siempre estaban en el “talleret”, trabajaban en casa como modista y costurera. Las recuerdo siempre cosiendo. Cuando me cansaba de descubrir los tesoros de las habitaciones contiguas (siempre eran los mismos, claro), me sentaba con ellas en la mesa del talleret, una mesa camilla redonda con brasero en invierno… Y formulaba la frase mágica: “iaia o tía (indistintamente), me aburro”, no siempre podían atender de la misma forma a mis demandas, pero muchas veces entendían lo que quería decirles. Vols cosir? Yo asentía. Entonces sacaban un trocito de tela de algodón liso y claro, me marcaban unas líneas y me decían: pues hala, cus! En cada línea hacía un tipo de punto: punto atrás, hilván, pespunte, cadeneta… Así aprendí a coser. En ese “talleret” se gestó lo que es hoy mi profesión, aunque no lo supiera hasta veintimuchos años después. Como me gustaba, y ellas no tenían mucho tiempo, mi madre me apuntó a unas clases de costura, yo era una niña bastante tímida de pequeña y no me relacionaba mucho más allá de mi zona de confort… Pero recuerdo la ilusión que me hacía tener mi costurero redondo de mimbre con todos los elementos necesarios para coser. Que yo recuerde, hice un saco para las pinzas.

Un recuerdo imborrable que tengo es cuando hice con la supervisión de mi tía un cojín rojo en forma de corazón para los alfileres. Me salió ‘níquel’, y ella siempre que podía me repetía lo bien que estaba hecho, que no se había deshecho nunca. Recuerdo sus ojos y su sonrisa llena de luz al decírmelo. Ella estaba orgullosa de mi “creación” porque se ve que siempre se le reventaban de tanto usarlos. El mío no. Mi corazón rojo. El mismo que ahora es identidad de la marca. El corazón Minimís.

No sé si es casualidad o destino o qué… Después de muuuchos años, habiéndome formado en otra disciplina, trabajado en otros ámbitos y lamentablemente sin su ayuda porque ya no estaban, empecé a coser. Empecé a coser muñecas. A patronar. A probar sin tener ni idea. Soy autodidacta. Aunque tuve a las mejores maestras que me enseñaron a coser jugando. Unas maestras que hoy me guían en todos mis pasos. Estoy segura de ello.

¿Queréis tener un recuerdo igual de bonito de vuestros inicios en la costura en el talleret?