Mis pequeños tesoros

Para mí un tesoro no es algo que tenga un gran valor económico, para mí un tesoro es algo con un gran valor sentimental… Enseguida siento apego por las cosas/objetos que me hacen ilusión, y las guardo como pequeños tesoros… He de decir que varias mudanzas han hecho que este espíritu diogenesco haya menguado…

Entre otros muchos objetos, guardo con especial entusiasmo una carpeta que recogí de casa de mi iaia y mi tía, una carpeta llena de fotos antiguas, de estampitas de hace más de 100 años y de unos dibujos que un tío abuelo mío le dedicaba a mi tía María, ya sabéis, una de mis tres madres, junto a mi iaia y mi madre; modista de profesión, y una enamorada del teatro, la ópera, los museos y las tradiciones culturales. Una gran mujer que murió con 99 años y que hasta poco tiempo antes estuvo cosiendo.

Pues bien, este tío mío era Luís Hernández, escritor, dibujante, traductor y partícipe del movimiento esperantista en España (ahora mismo acabo de alucinar porque no sabía que estaba en wikipedia). Luís tenía una relación muy especial con mi tía María, no entraré en detalles porque eso es un tesoro secreto que prefiero guardar para mí, y cada año por su santo (supongo que lo haría más a menudo, pero todo esto se debió perder por el camino), le regalaba uno de sus dibujos con una bonita dedicatoria. He de decir que esta dedicatoria iba acorde con los años que corrían, los años 20. Le dibujaba unas muñecas preciosísimas, y no os puedo decir muy bien la técnica utilizada, ¿tinta china quizás? A ver si vosotr@s sabéis, porque parece rotulador, pero obviamente no existían los rotuladores por aquella época.

Quizás hemos heredado esta genética de hacer muñequitas, bien dibujadas, como las que hace mi hermano, les femmes de Jul’s;  bien en fieltro, como las que hago yo. El caso es que cada vez que abro la carpeta me quedo embelesada admirando estas dos muñequitas, dibujadas en 1925 y 1926 respectivamente. El papel ha adquirido un color amarillento debido al paso del tiempo, pero ellas… Ellas siguen luciendo igual de preciosas. Y si no, juzguen ustedes mism@s.

Y para que veáis los años:

¿No os parecen realmente maravillosas? ¡Ay, espero que sí! 

Un besazo,

Irene

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