sobre mí

Soy Irene, hacedora de muñecas y cosas bonitas. Amante de las pequeñas y cotidianas cosas de la vida. Me encantan los objetos antiguos, esos dotados de vida; las cajas, de todo tipo; las mercerías y tiendas de telas; los muestrarios, de lo que sea; las cafeterías y bares bonitos que tienen un encanto especial; el material de papelería; las fachadas antiguas; el mar.

De pequeña me encantaba jugar con muñecas, eran mi juguete preferido, el regalo que siempre pedía para reyes, hasta bien mayor. Me pasaba horas en mi habitación encerrada, cambiándolas una y otra vez de ropa, eran mis compañeras inseparables.

De mayor me han seguido gustando las muñecas, aunque no he seguido jugando con ellas. Las muñequitas de caritas bonitas, de las de antes, de esas que no puedes svitar hacer una exclamación al verlas.

Siempre me ha gustado trabajar con las manos. Y es algo que en mi casa siempre hemos hecho. Mi padre dibujaba y nos ayudaba a hacer todos los ejercicios de plástica; mi madre también era mañosa y nos solía ayudar. Nos acompañaba a las pocas tiendas de manualidades que había en Valencia para que compráramos material. Ella se solía transformar collares y pendientes que no le gustaban del todo y muchas fines de semana nos mantenía entretenidos haciendo y deshaciendo collares que ya no quería, y que nosotros transformábamos en cualquier otra pieza de adorno. Mi iaia y mi tía vivían en el piso de abajo, eran modistas de profesión, y trabajaban en casa. Nosotros pasábamos mucho tiempo con ellas, nos encantaba. Mientras ellas cosían y cosían en sus sillas bajitas de enea, nosotros nos sentábamos a su lado a mirarlas, o jugábamos al escondite entre maniquíes, patrones y revistas de moda, o jugábamos con los botones antiguos que guardaban en cajas de metal. Muchas veces ellas me daban un trocito de tela y me enseñaban a realizar diferentes puntadas…

Y así crecí, con ellas al ladito, más feliz que una perdiz.

Decidí estudiar Comunicación Audiovisual. Y durante esos años me sacaba mi dinerillo extra haciendo bisutería y demás complementos para amigas y conocidas. Acabé la carrera y desempeñé varias funciones en el sector durante bastantes años.

La primera Minimí nacería algo más tarde, cuando me mudé a Barcelona por motivos laborales. Empecé a recortar unos fieltros que tenía desde hacía tiempo e hice una primera muñeca (extraterrestre) en forma de broche. No muy satisfecha, la abandoné. Tiempo después volví a retomarlo, y ya con fieltros de colores más apropiados, hice más muñecas.

Trabajaba en una empresa con un plantilla femenina muy extensa, y se empezó a correr la voz de que yo hacía unas muñequitas. Me las pedían con algún rasgo característico que las diferenciara. Empecé a hacerlas personalizadas, el pelo, los ojos, el vestuario. El boca a boca e internet hicieron mucho. Empezaban a llover pedidos y yo me veía haciendo broches de muñecas personalizadas de gente totalmente desconocida para mí. La cosa ya iba en serio, tenía que ponerles un nombre. En una reunión con amigas surgió: las Minimís, el plural de minimí, mi minimí.

Y así comencé cose que te cose. Tenía un trabajo muy absorvente y esclavo y no podía dedicarme a ellas todo lo que quería. Me fui dando cuenta de que mi trabajo principal no me hacía feliz, que lo que verdaderamente ansiaba era llegar a casa y ponerme a hacer muñecas. Un buen día, y después de meditar mucho, decidí dejarlo todo y dedicarme exclusivamente a esta pasión. La mejor decisión que he tomado nunca. Aquí empezó el principio de mi sueño (y también de mis pesadillas, que no todo es un camino de rosas). Una vida feliz, haciendo lo que más me gusta. Una vida en que lo laboral y personal están estrechamente ligados, donde apenas hay una fina línea de separación, pero que es mía y no la cambio por nada.

Pronto hará 7 años que nació Minimís; 7 años haciendo muñecas, que se dice pronto. Las muñecas de ahora son muy diferentes a las del principio. Hemos sufrido una gran evolución. Ellas y yo.

Minimís soy yo y yo soy Minimís. Es mi ilusión y mi sueño. Es la pasión por las muñecas que sentía de pequeña. Es el recuerdo y la vivencia de mi infancia; eso que quizás se gestó cuando tenía 5 o 6 años y creció mucho más tarde.

Minimís sois vosotr@s. Tod@s y cada un@ de vosotr@s que días tras día estáis ahí desde hace ya casi 57años. Gracias por acompañarme siempre. Gracias por dejarme soñar.